¿Qué pasa si juntamos un presidente socialista y un predicador gitano con hija muerta?
Que tenemos la mayor noticia macabra desde la guerra abierta entre la prensa británica-portuguesa sobre el caso Madeleine.
Cortés tenía una pizpireta hija que desapareció de la noche al día, desgracia habitual en este mundo caliente. Se organizó una búsqueda mediática y sentimental a su persona. La encontraron pero muerta.
Normalmente en estos casos los medios pasan al siguiente niño desaparecido porque uno muerto no da más jugo, pero este caso fue distinto. Distinto porque el asesino era un pedófilo de barrio acusado años atrás por abusar de sus hija de cinco años y que debería haber entrado en la cárcel (llamada matadero de pederastas) pero que debido a una serie de errores judiciales acabó en la calle (como un trabajador de E.T.T) listo para disfrutar de verticalidades diminutas.
Juanjo Cortés, el padre de la criatura, no se resigna a que España sea el segundo paraíso pederasta (después de Indonesia) del mundo, por eso ha iniciado una campaña anti-aberración que exige que los pedófilos detectados sean marcados por un justo estigma que lo delate a toda la sociedad y a los más graves sean encerrados en los pasillos más oscuros de la cárcel para siempre.
Convicción y Oratoria por armas, el pueblo por escudero, Justicia en el corazón, y el recuerdo de Mariluz en su interior, Cortés luchará para defender a los débiles y destruir a los desechos morales. Primero las pancartas, luego la televisión, finalmente el presidente. ¿Será Zapatero el último bastión a conquistar?
Un etarra que mata antes de dialogar es porque está acomplejado porque no reconocen su espacio vital y no le dejaron una habitación propia en su casa en tanto que un pedófilo que quiere a los niños de manera equivocada porque la sociedad no le ha enseñeado como se debe hacer.
El problema de Zapatero (a decir verdad lo intuyo, pues este caso aún no ha acabado y nos puede dar una sorpresa) es que al igual que todos los izquierdistas progres ven con malos ojos las penas máximas (como ejecuciones o cadenas perpetuas) pues eso sería politicamente incorrecto y se acercarían a su acérrimo enemigo américano.
Que el estado encierre a un ser perturbado y potencialmente peligroso (o con problemas para controlar su mente) es realmente feo, un ataque a los derechos humanos, una humillación a la condición humana que sólo lo puede permitir un gobierno de derechas. Por eso es mejor que el posible peligro agresivo andante esté entre los habitantes, que es más humanitario, democratico, y bonito (pues da una nueva oportunidad al violador, asesino, timador, ect)
No sé como acabará la cosa, pero llego a la conclusión que los dirigentes ven con otros ojos a los asesinos que como los ven los ciudadanos.
Juanjo Cortés Zapatero y Cortés JUNTOS