Hoy, o ayer, Sarkozy y su Bruni-Esposa se disponían a salir del estado de seis días de Israel cuando, en el aeropuerto, se oye un disparo: un soldado se ha suicidado ahí mismo.
¿Qué clase de monstruosa mente individual lleva a su dueño a suicidarse delante de un presidente ajeno?
¿Una forma de protesta contra el gobierno israelita, contra el gobierno francés, contra el gobierno palestino? ¿O es más generalista: contra el mundo actual, occidente, oriente, el ejército, la política, el planeta? ¿O solo era un pobre diablo que no aguantaba las ganas de destruir su cerebro EN CASA?
Son estas, pues, las dos opciones: suicidarse como protesta, o suicidarse porque le entró ganas.
Si es lo primero ha seguido el camino de los protestantes asiáticos y sus suicidios colectivos o la del monje budista que se quemaba así mismo; si es lo segundo ha seguido el camino de los occidentales ociosos y sin ganas de trabajar ni vivir. A elegir.
Ya entrando en la ficción mundana, creo que ocurre lo mismo que en El Incidente de Night Shyamalan:
La gente que está alrededor de Sarkozy se desorienta, balbucea y se suicida. Sarkozy desprende ese dichoso polen que bloquea el sistema inmunológico de protección humano.
Primero fue un soldado israelita, luego será dos soldados franceses, después el ministro de asuntos exteriores español, los líderes religiosos de varios países, los adoradores religiosos de Macedonia, los cazafantasmas de Estados Unidos, los exorcistas del Vaticano, los mafiosos de Italia, los famosos de Portugal, los asistentes a la Expo de Zaragoza.
TODOS MUERTOS.
¿Será Sarkozy un peligro para todos, o nos quiere advertir que los humanos somos un peligro para Francia, o directamente no hay ninguna explicación por lo que debemos limitarnos a esperar que ocurra todo?